El pasado 23 de mayo, pasamos a comprar un helado a Santa Clara y nos sentamos en las mesitas de una de las tiendas. Ya casi era hora de cerrar, así que empezaron a bajar la cortina de la tienda, así que mi hija, Montzilla, empezó a protestar (todavía no hablaba nada en esta época), así que cuando la cortina terminó de bajar, estaba triste y enojada pensando que ya nos habían dejado encerrados. Incluso a la gente que pasaba por fuera (la cortina no es completamente cerrada), les decía adiós.
No eramos los únicos en el local, así que se bajó de la silla y fue a “consolar” a las otras señoras que estaban tomando su helado, como diciendo pues ya nos tocó quedarnos aquí.
Cuando ya nos abrieron la cortina para dejarnos ir, nos reímos mucho y una de las señoras que estaba adentro le dijo a mi hija, “Corre, hija, corre”, y efectivamente, aprovechó la oportunidad y salió corriendo del local.



